La confirmación de la desaparición del exguerrillero Santrich sería un golpe al acuerdo de paz, pero también al Estado de derecho

0
8

Hace algunas horas, el supuesto abandono del esquema de seguridad del exjefe guerrillero y recién posesionado congresista Jesús Santrich en uno de los puentes feriados en los que Colombia se desconecta por la cantidad de fiestas patronales en decenas de municipios del país, se confirma debido a que su paradero actual es desconocido. Santrich ha estado durante más de un año, en medio de un debate jurídico y político nacional. Un sector de la justicia lo acusa de haber delinquido luego de la firma del acuerdo de paz, situación por la cual Estados Unidos lo está pidiendo en extradición y para otra parte de la justicia las pruebas serían poco confiables y adquiridas bajo el famoso método del entrampamiento, ilegal en el derecho colombiano.

Existen ciertas conclusiones en caso de que Santrich realmente haya escapado como la de que si el señor Jesús hizo todo lo que el sector político detractor de la paz manifestó que iba a hacer y siguió todo el guion, eso legitima este sector político, debilita la legitimidad de las instituciones de la justicia transicional y justificará medidas extremas que estos sectores tomen en contra del proceso de paz. En segunda instancia se encuentra que, su escapé sería un duro golpe al proceso de paz, a los sectores sociales y políticos que defienden el acuerdo y en general a las fuerzas progresistas del país.

A pesar del saboteo, de la estrategia de la Fiscalía General de torpedear el proceso de paz y de las presiones del gobierno Duque para deslegitimar la justicia transicional, lo cierto es que con el caso Santrich se impuso el Estado de derecho, es decir, se le garantizó el debido proceso, la presunción de inocencia y los derechos políticos. Así que su desaparición es un golpe al acuerdo, pero también al Estado de derecho, a todas las instituciones que a pesar de la presión mantuvieron la ley.

La conclusión principal es que se mezclaron dos extremos. Un sector político que quiere destruir la justicia transicional y demoler el acuerdo de paz, con el objetivo de ocultar la verdad en el conflicto, y unos sectores de la exguerrilla de las FARC a los que no les gustó el resultado de la negociación. Ambos tienen el objetivo de destruir lo construido y de montar sus pilares de campaña política sobre demoler el acuerdo de paz. Los únicos beneficiados aquí son esos dos extremos.

La derecha saldrá a reclamar victoria y estos sectores de las FARC buscarán legitimar su disidencia a partir de los incumplimientos del Estado. Ambos sectores coincidían en que el objetivo era revivir a la exguerrilla de las FARC.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here