El Festival de Teatro Clásico de Almagro en México ensancha el Siglo de Oro

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México ha sido un contrafuerte de la renovación vanguardista de los clásicos en los años sesenta, pero actualmente el género ha perdido algo de tirón en el mercado y se refugia sobre todo en el teatro público. “El teatro mexicano comienza en el siglo XVI, en el mismo momento en que Lope de Vega inventa España. Sus piezas son una gran catarsis nacional donde integra a todos: la corte, los artesanos, el clero. El teatro fue el arte por excelencia para producir la identidad de la nación y en México es parte de ese proceso”, apunta Luis de Tavira, director durante más de una década de la Compañía Nacional de Teatro mexicana (CNT), maestro de generaciones de dramaturgos en su país.

La UNAM, la universidad más grande de Latinoamérica, ha tenido casi desde su fundación en 1910, un papel crucial en la producción y la difusión de la cultura mexicana. Logro de los principios ilustrados de la revolución, con dos escuelas y una compañía de dramaturgia, dos compañías de danza, una orquesta sinfónica y tres teatros, fue el lugar desde donde con más impulso se renovó el teatro barroco en los 60. La marca actual de la UNAM estará presente en Almagro con dos puestas en escena de filtro vanguardista.

La CNT es el otro guardián de la tradición, con un programa enteramente dedicado al clásico. El año pasado retomó La Celestina y este año cerrará con el Criticón de Baltasar Gracián. En Almagro estrena La lengua en pedazos, una obra de Juan Mayorga inspirada en textos de Santa Teresa de Jesús. Y una versión de El perro del hortelano que juega con la estética del cine de oro mexicano de los 50. “En realidad es una especie de homenaje —explica su director artístico, Enrique Singer— porque aquel cine estaba a su vez muy influenciado por el teatro español, por sus estructuras dramáticas y sus enredos”.

 

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